09/06/2011

El PSOE exige al Gobierno que interrumpa la difusión del Diccionario Biográfico

El grupo parlamentario socialista ha presentado una proposición no de ley en la que exige al Gobierno que interrumpa la difusión en España y el extranjero del Diccionario Biográfico Español hasta que una comisión científica revise las entradas en las que se ha detectado una "falta de objetividad".

La iniciativa del grupo socialista se produce tras la polémica suscitada por algunas de las biografías de esta obra, presentada por la Real Academia de la Historia el pasado 26 de mayo, como las de Francisco Franco, escrita por Luis Suárez, que afirma que el general "montó un régimen autoritario pero no totalitario".

En su proposición, el PSOE pide al Gobierno que exija a la Real Academia de la Historia que proceda a la mejora del diccionario y que, en su caso, rectifique las "imprecisiones e incorrecciones históricas" que aparecen en el mismo.

Falta de objetividad
La comisión científica estaría compuesta por historiadores de reconocido prestigio, independientemente de que formaran parte o no de la Real Academia de la Historia, y debería revisar aquellas entradas en las que se detecte una falta de objetividad de los trabajos académicos. Para el grupo socialista, las incorrecciones detectadas en varios personajes históricos denotan una "insoportable falta de rigurosidad y neutralidad" en los trabajos llevados a cabo por una institución cuyo objetivo final sería aclarar, según la página web de la Academia, "la importante verdad de los sucesos, desterrando las fábulas introducidas por la ignorancia o por la malicia".

El PSOE recuerda que la Real Academia de la Historia firmó un convenio con el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte para la elaboración de este diccionario en julio de 1999 con el objetivo de llevarlo a cabo en 8 años, labor por la que ha recibido 6,4 millones de euros. El compromiso de la Academia en este convenio, agrega el grupo socialista, "ha sido claramente incumplido con, entre otros, aquellos personajes históricos que participaron directa o indirectamente" en los acontecimientos históricos relacionados con la Guerra Civil. Por ello, exige que se interrumpa la difusión del citado diccionario mientras no exista un pronunciamiento de la comisión científica.

Planteamiento historiográfico
El pasado día 3, el pleno de la Academia de la Historia respaldó el documento de su junta de gobierno y consideró que algunas entradas de este diccionario admiten un "planteamiento historiográfico" diferente que debe ser incorporado "con la mayor celeridad posible". Precisamente mañana, está previsto que los diputados de IU Gaspar Llamazares y del PNV Aitor Esteban Bravo pregunten por este asunto a la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, en la sesión de control al Gobierno en el Congreso.
ABC

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01/06/2011

Retrato de una Academia anclada en la Historia

Los miembros de la Real Academia de la Historia, antes y después de cada junta general, se encomiendan a Dios. "Que el Espíritu Santo ilumine con su gracia nuestra inteligencia y nuestro corazón", es la oración que precede el inicio de las sesiones de los viernes. El breve rezo en latín es una herencia que la institución no ha desterrado de sus rituales. No es el único lastre que arrastra del pasado: otras son la presencia de un arzobispo (en la actualidad, monseñor Antonio Cañizares), el escaso número de mujeres, la hegemonía centralista (apenas hay académicos de la periferia), el predominio de especialistas en tiempos gloriosos de reyes y conquistadores y algunas funciones anacrónicas, como la de censor. Este cargo, que ahora desempeña el decano de la Real Academia de la Historia, Carlos Seco Serrano, parece simbólico en la práctica, pero podría no serlo. Todos los discursos de ingreso, recepción y contestación de los nuevos académicos son supervisados por él.
No suele alterarlos, según un académico, pero podría hacerlo. Lo cierto es que la entrada de nuevos miembros apenas aviva el debate. A diferencia de lo que ocurre en la Real Academia Española (RAE), donde acostumbran a disputarse los sillones dos y tres candidatos, en la de Historia reina la absoluta unanimidad. En raras ocasiones se presenta más de un aspirante a los puestos vacantes.

En los últimos años abundan los candidatos propuestos por la historiadora Carmen Iglesias, la segunda mujer en ingresar en la Academia (ha arropado a tres de los seis últimos en ingresar), y Luis Suárez, especialista en Historia Medieval y autor de la complaciente biografía de Franco en el Diccionario Biográfico Español (tres de seis, también). Para ciertos académicos, es evidente que hay "un grupo de presión" con gran influencia a la hora de decidir quiénes se sentarán en las sesiones de la institución de la calle de León.

Al igual que ocurre en la RAE, tiene que ser una terna de académicos los que defiendan la conveniencia de postular a un candidato. Los últimos electos han sido el arabista Serafín Fanjul y Fernando Marías, historiador del Arte. Con anterioridad, lo fue Luis Alberto de Cuenca. "Funciona como un club sumamemente restringido, por cooptación. Prefiero el sistema británico, más competitivo y abierto", sostiene Ángel Viñas.

Aunque la RAE y la RAH nacieron en el mismo siglo, el XVIII, empujadas por el mismo soplo de aire ilustrador y con similares prácticas, en los últimos años se han ido diferenciando en algunos aspectos. En la reforma de sus estatutos, la RAE aprovechó para suprimir los cargos vitalicios. La RAH, por el contrario, ha decidido mantener los de secretario, anticuario y bibliotecario como perpetuos, algo que no ocurre con la figura del director.

La institución histórica nació bajo los auspicios de Felipe V. En la cédula real de 1735 se animaba ya a realizar un diccionario que ayudase a aclarar "la importante verdad de los sucesos, desterrando las fábulas introducidas por la ignorancia o por la malicia, conduciendo al conocimiento de muchas cosas que oscureció la antigüedad o tiene sepultado el descuido".

Ha costado casi tres siglos la tarea, pero algunos aspectos relacionados con la historia más reciente no brillan por su esmero en establecer hechos objetivos. "Si un admirador de un autor polémico hace su biografía, como el caso de Luis Suárez Fernández y Franco, siempre tendremos textos casi hagiográficos o muy benévolos hacia su gestión y conducta", señala el historiador Enrique Moradiellos. La fallida elección de algunos biógrafos es una de las razones de la controversia que ha generado el Diccionario Biográfico Español, pero el origen entronca con la propia composición de la RAH, donde no están representados especialistas en la historia más reciente.

La comisión de Historia Contemporánea de la Academia -que por extensión se ocupó de supervisar contenidos del Diccionario- está formada por Miguel Artola (respetadísimo historiador del siglo XIX), Vicente Palacio (colaborador de autores vinculados al franquismo como Ricardo de la Cierva y biógrafo del Rey), Miguel Ángel Ochoa Brun (historiador de la diplomacia y la política exterior) y Carlos Seco Serrano (autor de una vasta obra sobre Alfonso XIII y Eduardo Dato).

De la institución están ausentes algunos reputados historiadores como Santos Juliá, Josep Fontana, Jordi Nadal o Juan Pablo Fusi, por citar algunos nombres. Salvo recientes incorporaciones, la media de edad de los académicos es muy alta: 15 de los 36 tienen más de 80 años. "Habría que remozarla internamente, rebajar la edad media de sus integrantes y ampliarla en número y funciones", plantea Enrique Moradiellos.

Incluso su director, Gonzalo Anes, acepta que la renovación generacional y la entrada de mujeres y expertos en temas contemporáneos son asuntos pendientes. "Con el tiempo desaparecerá esta desigualdad", asegura. Aunque hay académicos que, como el arabista Juan Vernet, son partidarios de que la Academia admita más mujeres pero siga fiel a sus tradiciones -"Yo no tocaría nada"-, los más jóvenes son conscientes de que la renovación es inevitable. "Todas las instituciones deben renovarse. Es lógico y necesario que se dé entrada a otras generaciones", afirma Fernando Marías, que, con toda la cautela, sugiere que algunas de las entradas del diccionario que se preveían polémicas "tal vez deberían haber sido controladas por la institución y no dejar la responsabilidad a autores singulares". Como es partidario de "aplicar la exigencia científica a la disciplina histórica", intuye que se creará una comisión, interna y externa, para revisar los posibles errores". Una corrección que según el propio Anes se pondrá en marcha desde la versión digital de la obra.

Tan cauto como su colega, el poeta y filólogo Luis Alberto de Cuenca reconoce que "la edad media de la academia es alta", pero matiza: "Hay gente valiosísima que teniendo mucha edad son pilares de la historiografía española". Ambos coinciden en que la renovación de la Academia debe pasar también por la incorporación de más mujeres. "Es una de las asignaturas pendientes y hay historiadoras estupendas", dice De Cuenca. Ninguno, sin embargo, es partidario de establecer cuotas. "La mujer debe tener una presencia obligatoria, pero natural", afirma Fernando Marías. "No creo que las cuotas ayuden a la dignidad femenina. En política es normal porque hablamos de los representantes de la ciudadanía y las mujeres son aproximadamente el 50%, pero las academias no representan a nadie". Fundada en 1738, hubo que esperar a 1935 para que ingresara en ella una mujer: Mercedes Gaibrois. La siguiente en hacerlo fue, en 1991, Carmen Iglesias, a la que seguirían, hasta hoy, solo dos historiadoras más: Josefina Gómez Mendoza, en 2003 y Carmen Sanz Ayán, en 2006.
El País

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01/06/2011

«Se ha instalado el odio a España»

31 Mayo 11 - Madrid - Gema Pajares 



La tormenta que desde hace días cae sobre el número 1 de la calle León, sede de la Real Academia de la Historia, no amaina, al contrario. Y en el centro de la misma se sitúa el historiador Luis Suárez, autor de la entrada de Francisco Franco, una de entre las más de 40.000 que tiene el Diccionario Biográfico Español y que ha desatado la polémica. Con voz apenada dice que está pasando unos días muy tristes. Apenas da crédito a todo lo que se está hablando sobre un trabajo en el que él ha tenido una activa participación y que se presentó con toda solemnidad el pasado jueves. Se ha pedido incluso su comparecencia en el Senado y exigido una rectificación pública por la entrada que ha escrito sobre Franco: «No entiendo el por qué de todo este lío. En el fondo, el Diccionario no puede ser mejor, ya que se trata de una obra importantísima realizada por los mejores especialistas de España. Se ha buscado un equilibrio y se ha contado la verdad. Hemos tratado de explicar y no de emitir juicios de valor sobre los personajes reseñados. Que unos insensatos de repente intenten apropiarse de ello políticamente me causa bastante tristeza». 

La desdicha de la guerra civil
 Y  Suárez, especialista en Franco y autor de «Franco y la Iglesia» (Homo Legens), prosigue: «Hay sectores de la vida española donde no se ha cambiado ni evolucionado; en otros, en cambio, sí. Es una lástima que con el esfuerzo hecho por parte de dos generaciones para intentar borrar la desdicha de la guerra civil ahora se tire todo por la borda por puntualizar un término». La definición del regimen de Franco como «autoritario y no totalitario» ha sido la piedra de toque, lo que no comprende el historiador: «Nunca pensé que esas dos palabras pudieran causar tan hondo revuelo. El mismo Lenin explicó la diferencia entre ambos términos. Cuando se habla de un regimen totalitario se alude a un sistema que está sometido al partido. Si es autoritario, nos referiremos a un sistema en el que el partido se somete al poder del Estado. El de Franco fue un regimen autoritario; no se constituyó en jefe de Estado de un partido que ejercía el poder». Suárez  avanza un paso más allá al decir que  «se ha instalado el odio a España. Quienes ven suspicacias en esta entrada, en la de Azaña o la de Negrín, por ejemplo, es que no desean que se conozca nuestra historia». Con tanto revuelo, Gonzalo Anes, presidente de la institución, no entiende «qué es lo que se busca ni qué se pretende, pero desgraciadamente ha sucedido lo que pasa siempre que se hace algo importante en España, que las primeras críticas destructivas surgen aquí. Creía que habíamos cambiado».
 
Cada autor, responsable
 Remite al capítulo de agradecimientos que encabeza cada uno de los tomos cuando se le pregunta si se va a revisar alguna de las entradas, como se ha pedido desde el Gobierno y desde ERC e IU: «La Real Academia de la Historia agradece (...) la puntualidad con que han cumplido los encargos que se han hecho. Las biografías se deben a sus autores. La Academia no ha querido modificarlas, aunque, a veces, hubiese discrepancias en cuanto al contenido de ellas. Sólo se procuró que todas cumplieran con los criterios tipográficos establecidos. Por ello, cada autor es el único responsable del contenido de la biografía o de las biografías que haya escrito y que se publican en este diccionario».  A la cuestión de si la RAH va a revisar alguna de las entradas que han suscitado la controversia, Anes es tajante: «Cada autor, si quisiera, podría rectificar en el sentido que estime conveniente lo escrito». Luis Suárez no moverá una coma de sus textos: «No voy a rectificar nada porque no creo que haya necesidad. No me pueden decir quienes alzan ahora la voz que falta rigor u objetividad en nuestro trabajo. Es justamente todo lo contrario. Se ha buscado gente joven para que esta labor se convirtiera en una plataforma para el futuro».
 
Incluso algún dirigente ha asociado  a los miembros de la Real Academia de la Historia con «los grupos falangistas que quedan en este país»: «Es como si nos comparasen con el colectivo de tenores: no tenemos absolutamente nada que ver. Me parece una desgracia que no nos hayamos librado aún de los odios políticos. ¡Pobre país éste que no despierta y no se levanta!». Otro historiador, Vicente Palacio Atard, autor de varias entradas de personajes de los siglos XVIII y XIX, comparte idéntica opinión: «No se ha impuesto criterio alguno. No ha habido ningún tipo de censura, aunque ahora parece que sí. Si están tan airados que llamen a la Inquisición y que cuelguen el Diccionario de las puertas del Infierno, aunque donde debe de estar colgado es en internet. Estamos en el siglo XXI, pero aún existen bastantes inquisidores. Esperamos que se imponga el sentido común en aquellos que parece que lo han perdido», apostilla. Anes anima a Suárez y le pide que tenga paciencia: «Es un liberal de verdad con una trayectoria intachable. Le tengo un gran cariño y le profeso una profunda admiración por su sólida formación».
 
El detalle. Un trabajo enciclopédico tirado por la borda
 El director de la Real Academia de la Historia no comprende que un trabajo ingente, de una década, se tire por la borda por comentarios que tildan a la institución de «dominada por residuos del franquismo». Desde las filas del PSOE lamentan las, a su juicio, «barrabasadas» de los académicos y se reduce el Diccionario a un «fraude» intelectual «en el que el sectarismo supera la realidad de la Historia».  Anes, perplejo, pero sin perder la compostura, asegura no entender lo que sucede: «No lo esperaba porque es una obra que recoge biografías que se ha considerado conveniente que lo formaran. Se han atendido los ofrecimientos de los historiadores que lo solicitaron y si nos pareció adecuada la preparación de cada uno, se aceptó». Las biografías han contado con el veredicto de las distintas comisiones que hay en la Real Academia de la Historia según su especialidad. La Asociación de Descendientes del Exilio Español ha echado más leña al fuego: presentará una denuncia al Ministerio de Educación y tacha a   la RAH de «intentar reescribir la Historia reciente», en alusión a las biografías de Franco, Azaña (escrita por Seco Serrano), Juan Negrín y Largo Caballero.
La Razón

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09/06/2011

El PSOE exige al Gobierno que interrumpa la difusión del Diccionario Biográfico

El grupo parlamentario socialista ha presentado una proposición no de ley para interrumpir la difusión por la «falta de objetividad» detectada en entradas como la de Franco

ABC

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01/06/2011

Retrato de una Academia anclada en la Historia

Ritos religiosos, cargos vitalicios, rotunda hegemonía masculina y una desatención por la España contemporánea lastran la institución

El País

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01/06/2011

«Se ha instalado el odio a España»

La frase es de Luis Suárez, uno de los historiadores que ha trabajado en el «Diccionario Biográfico Español», en el ojo del huracán por una de las 40.000 entradas que contiene, la referida a Francisco Franco. Los expertos se defienden.

La Razón

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Real Academia de la Historia

13/05/2017
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Artículo posteado por FrancKex
09/06/2011
Parece ser que la RAH está todavía anclada en el pasado...
Se necesita una renovación en cuanto al número de mujeres (muy reducido) y a la edad generacional (casi la mitad de los integrantes superan las 80 primaveras)

Artículo posteado por majo
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